Marta Bonilla Gamboa fundadora del Liceo Juan Ramón Jiménez, decidió que su vida iba a estar marcada por la creación de un colegio, sabía que emprendía un camino mágico sin retorno.
Marta, filósofa egresada de la Universidad Nacional en 1962, junto a Manuel Vinent, un matemático catalán que había huido de la España franquista, tenían claro que la educación era el vehículo ideal para la transformación de la sociedad.
Pero no era una educación cualquiera, precisamente tenía que ser un modelo que se atreviera a cuestionar los métodos tradicionales a través de la creatividad y el arte, preguntándose por aspectos que en la época se daban por sentados en los colegios, como el carácter confesional, el uso de uniformes, himnos y otros símbolos de pertenencia, cuyo valor aún debería ser discutido.
Lo que había detrás del proyecto de Marta y Manuel era la clara lectura de una realidad que los seres humanos no se pueden permitir. “Una realidad en donde los autoritarismos, la violencia y la incomprensión del otro son incentivos engañosos que van en contravía del bienestar común”.
En una intervención durante la conmemoración de los 30 años del Liceo en el año 1992, Marta explicaba cuál fue el motor de la iniciativa:“Bajo la idea de que todo autoritarismo genera violencia, proponíamos que la aceptación de las diversas formas de expresión cultural, racial, religiosa y social debería conducir a la formación de una actitud no dogmática y sí integradora”. Además Martha pensaba que : “El colegio tiene que ser sensible y cuidadoso frente a las madres cabeza de familia”, decía Marta. Sus hijos que fueron partícipes del desarrollo del colegio y ahora sus nietos, siguen hoy en día haciendo realidad esos sueños y volviéndolos realidad. La recuerdan como una mujer con una solidaridad de género impresionante.
En el proceso necesario de transformar la realidad, para Marta y su familia, y el Liceo que crearon, la capacidad creativa tiene un papel preponderante. Por eso, los niños, jóvenes y maestros se mueven permanentemente entre la poesía y la matemática, la música y la literatura, la pintura y el juego.
Jaime Enrique Castro M. en un artículo del periódico El Espectador la recordó en un emotivo adiós cuando falleciera el 26 de enero de 2019, como una mujer que tuvo el gran don de hacer soñar a los demás.
El mensaje que abre el sitio del Liceo Juan Ramón Jiménez en el internet es claro al definir su Proyecto Pedagógico: “Nos enfocamos en desarrollar individuos autónomos, sensibles, críticos y éticos, capaces de comprender y transformar la sociedad en un sentido más justo y equitativo, al tiempo que fomentamos la apreciación por el arte, la reflexión profunda y la responsabilidad ambiental. Un enfoque humanista que valora la singularidad de cada estudiante y busca un aprendizaje significativo y enriquecedor”.
Marta es hija de Rosario Gamboa Carballo, sobrina del poeta, escritor y educador, Isaías Gamboa

