– Fecha de la carta: Junio 12, 1904
– Escrita Por: Isaias Gamboa Herrera
– Para: Un Amiga en Santiago
– Origen: Santiago de Chile
– Destino: Santiago de Chile
Nota: Carta escrita en papeleria de la “Asociación Médica de los Hospitales”
Santiago, Junio 12 de 1904
Mi querida amiga:
La fatalidad me persigue; ya la lucha es imposible: ¡me voy!
Esta carta que le va dirigida es tal vez la última que recibe de su desgraciado amigo por qué; ¡Ay! me siento tan mal que mucho temo no llegar al término de mi viaje y sin embargo sería tan bueno volver a ver siquiera una sola vez ese suelo bendito de la patria! Oh, respirar una sola una vez más el perfume de sus flores, soñar el murmullo de sus ríos y dormirse, ¡dormirse para siempre la cabeza ahogada en el seno de la madre tan querida, tan idolatrada y abandonada tanto tiempo! llegaré yo a realizar ese ensueño? Mi corazón está eso destrozado, me voy y no volveré jamás, no volveré a ver a ese Ángel bendito que tanto me quiso, ¿a quién tanto quise… Pobre niña mía porque me habría amado? La culpa ha sido mía, he sido yo el que burló la tranquilidad de su corazón tan leve y en cambio de todo ese cariño tan grande, ¡sólo le dejo la amargura! Esa idea me persigue, y es un remordimiento muy grande. Hubiera debido resistir el impulso de mi corazón; yo era un hombre, podía, debía luchar; no lo hice y cobarde me abandoné al encanto mágico de ese amor tan puro hasta entonces desconocido para mí. Mucho y a muchas amé en mi vida errante pero nunca encontré la verdadera afección; coquetas, vanas, apasionadas, caprichosas y olvidadizas, en fin, todo. ¡Cuán distinto ha sido el amor de ella! ¡Cuán abnegado! … y sin embargo me voy, no puedo más, y como el desgraciado errante sin asilo tengo que abandonar todo lo que quiero. Marcha, ve, me dice ese destino implacable que me impulsa… y me marcho, ¡me voy!
Amiga mía a usted que es tan buena, a usted que ha sido tan cariñosa para este desgraciado compañero, ¡recomiendo mi adorada niña! Ah, si usted estuviera aquí, si yo pudiera confiarle la misión de despedirme de ella, ¡me iría más tranquilo! cómo podrá soportar sola sin nadie a quien confiar su dolor y su pena, ¿ese golpe tremendo? … y sin embargo es preciso que me marche! ¿Qué haría yo aquí? Arrastrar una vida miserable, incapaz por la enfermedad que me aqueja de sobrevivir o subvenir a mis necesidades, obligado a recurrir como he tenido que hacerlo ya a los abnegados corazones de amigos, ¡eso no es posible! y luego mi vida iría a concluir en el lecho de un hospital… ¿Qué diría ella? No, más vale partir, y si Dios me permite que el beso piadoso de mi madre me cierre los ojos, al menos no estará ella sufriendo, sabiéndome moribundo sobre un lecho de hospital y no pudiendo venir a verme. ¡Cuando usted reciba esta carta ya estará lejos de su desgraciado amigo! Ud. tendrá pena, no es cierto?
Adiós, amiga mía; reciba de su desgraciado amigo los agradecimientos que merecen todos los sacrificios que usted ha hecho por él y por ella. Guarde un cariñoso recuerdo de los años que hemos pasado juntos en el colegio, entregados a las tareas de la enseñanza. ¡Fue para mí un tiempo feliz!
Ay, quiero terminar esta carta, y mi corazón estalla; todo se pierde para mí; ella, ella, mi querida niña, no la veré más. Amiga, amiga mía, vele usted por ella, sea su madre. Tiene una muy cariñosa pero no la sabe comprender.
Ud. que tanto la quiere, usted que tanto ha hecho por defender su felicidad, sírvale de apoyo y de guía. El cuerpo será de su madre. el espíritu, el corazón, serán de usted. Yo se la doy. Dígale que es el último votó, el último de su desgraciado amigo, que ella no se olvide de mí, que sea feliz y si un día se casa que no olvidé que mi cariño ha sido tan grande, que preferí marcharme antes que hacerla desgraciad, Vele usted sobre ella, que Matildita sea su hermana, dignas son ambas de serlo y de comprender sus corazones igualmente puros y abnegados.
Atentamente y a usted, envía ese desgraciado todo su corazón.
Adiós
Isaías Gamboa

