El 30 de agosto de 1992, el escritor y periodista Hollman Morales escribió esta nota en El Tiempo sobre Octavio Gamboa.
En su nota en el Diario El Tiempo de Bogotá escribió este artículo con el subtítulo: Ausente de protagonismos, tímido, modesto, se dedicó a ser generoso y a estar en sintonía con la elementalidad que rodea al hombre. Tras el murmullo de la lluvia…
Alguien nos llama. Alguien intenta comunicarse con nosotros. Personaje negado a seguir el curso común y lineal de la mayoría de los mortales, se hizo ingeniero civil y cuando se cansó, decidió retirarse a una casa del cerro Los Cristales, allí mismo donde había nacido el 31 de diciembre de 1923 y donde hoy se yergue el monumento a Cristo Rey, en Cali.
Se instaló con sus libros favoritos, la mayoría en francés, releyó hasta donde pudo La comedia humana de Balzac y se divirtió diariamente con las impredecibles salidas del caballero de la triste figura. Cuando quería solazarse, entonces se dedicaba a sentir el palpitar de la ciudad, observar los guiños de las estrellas y tratar de entender su contexto.
Allí está. La oigo de lejos.
Es difícil decir qué habla
porque es muy grande para un hombre
la confesión de una montaña.Espiritual ante todo, durante un tiempo le dio por ser vegetariano; sus ejercicios de yoga, sin embargo, los continuó hasta donde sus fuerzas se lo permitieron, al igual que su manía de llevar registro de su puño y letra, en cuaderno grande, de sus sueños. Buen talante
Su última aventura onírica anotada registra que salía de la Universidad del Valle, sube a su auto y de repente, no sabe si es él quien maneja o no. Luego se ve en la parte de atrás del carro, seguido por una multitud de jóvenes. Al final del escrito, Octavio dibujó una arquitectura que extrañamente coincide con la del mausoleo donde fue sepultado.
Todo lo que yo sé, me viene del misterio, había escrito años atrás.
Negado a comercializar con su poesía, sus libros Canciones y elegías (1963), La voz que llega del misterio (1977), Regreso al Valle del Cauca y poemas de viajes (1981), La luz del medio día (1982) y Palabra en el tiempo (1989) fueron publicados en tirajes cortos subvencionados por él mismo y, claro, obsequiados a los amigos.
Siempre de buen talante, sus otras pasiones eran bañarse en río, pescar, cocinar con su compañera, detallar el nevado del Huila que se ve desde el Cerro de Los Cristales en días despejados y cuidar de los pollitos que sus gallinas iban dejando regados en los rastrojos.
Los furores del canto, como él llamaba el proceso de creación, llegaban a cualquier hora y en cualquier parte. Incluso en medio de la solución a un crucigrama su obsesión, mientras jugaba con sus perros ovejeros o al caminar entre los árboles que él mismo sembró durante 32 años.
A las 6 de la tarde (hora Gaviria) del viernes 24 de julio de 1990, ensordecedores ladridos y aullidos que se multiplicaban por contagio despertaron a los habitantes del Cerro de los Cristales. Era que Octavio Gamboa había muerto.
Poema inédito de O. Gamboa
EL HIJO (ANUNCIACIÓN)
En la cima de una montaña
concebiremos nuestro hijo
una noche en que estén de acuerdo
las estrellas y los caminos.Habrá paz en ese momento
en los hogares campesinos
y el alba tierna les pondrá s
obre la mesa panes tibios.En mis manos encontrarás
escrito entero tu destino
y yo en las tuyas hallaré
la redonda bondad del nido.Este amor debe continuar
en tu entraña formando un niño.
La noche honda nos lo pide
para agregarlo al infinito.
Hollman Morales (Duitama, Boyacá, 1955) es un filólogo con una larga carrera como editor y director cultural, revista Cromos, la Gaceta dominical de El País de Cali, y colaborador de Semana, Diners, Credencial, Avianca y del Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República. Es coautor, con Myriam Amparo Ramírez, de los libros Las mejores anécdotas del mundo, Anécdotas y curiosidades de Colombia y Frases célebres para reflexionar. A publicado otros libros como A puro pulso.

